
¿Por qué insisten en afirmar que es «la peor sequía de la historia»?
San Juan tiene nieve récord, registros e historia que lo desmienten.
Mientras la cordillera acumula su mayor nevada en 25 años, con alertas naranjas, ríos atmosféricos y hasta 7 metros de nieve, los mismos de siempre insisten en que San Juan vive «la peor crisis hídrica de la historia». ¿De qué historia hablan? ¿De la que empieza cuando ellos comenzaron a medir?
Por estos días, la cordillera sanjuanina es escenario de un fenómeno que cualquier persona con ojos en la cara puede ver: está nevando como no nevaba en décadas. La Universidad Nacional de San Juan lo confirmó: es la nevada más importante del último cuarto de siglo, producto de un «río atmosférico» del Pacífico que dejó acumulaciones de hasta 3 y 4 metros de nieve en alta montaña. El SMN renovó alertas naranjas. La nieve se ve en la precordillera.
Sin embargo, en los medios y en los discursos, el libreto no cambia: «San Juan atraviesa la peor sequía de su historia». Una frase hecha, un mantra que se repite sin contexto, sin datos, sin historia.
Vamos a los datos y a la historia. El agua es la sangre de San Juan, no es una frase poética, es una realidad que está en los libros. Domingo F. Sarmiento lo decía en 1862: «el agua es para San Juan lo que la sangre para el cuerpo humano, su principio vital». Y esa sangre corre por nuestras venas desde mucho antes de la llegada de los españoles.
Los registros arqueológicos confirman que en el Valle del Tulum ya se practicaba el riego por inundación en el siglo XII. Los Huarpes construyeron las primeras acequias aprovechando las pendientes naturales, y los Incas, alrededor de 1480, trajeron un desarrollo técnico superior con canales revestidos en piedra cuyos vestigios todavía se pueden ver. Pero la historia de la provincia es, sobre todo, la historia de la organización frente a la escasez: desde la creación de la Policía de Aguas en 1825 hasta el Reglamento de Irrigación de 1851, el primer cuerpo legal de su tipo en el país.
San Juan no es un oasis por accidente; es el fruto de un trabajo colectivo y mancomunado de siglos. De hecho, fue la asociación entre vecinos la que permitió la limpieza de canales y la defensa de tomas cuando el Estado todavía no tenía recursos. Las actas capitulares de la época dan cuenta del esfuerzo permanente para mantener limpias las acequias, con los propios vecinos aportando la mano de obra de los aborígenes a su servicio, porque el Cabildo no disponía de recursos.
Fue esa unión la que permitió construir obras que, para su época, fueron verdaderas hazañas de ingeniería. En 1815, los vecinos de Santa Bárbara —hoy departamento Pocito— solicitaron autorización al Cabildo para hacer una toma sobre el Río San Juan y construir un canal. Entre 1818 y 1819, bajo el gobierno del Dr. José Ignacio de la Roza, se construyó el canal El Pocito, el primer canal con toma directa del río. Era una obra de tal magnitud que los vecinos tuvieron que pedirle mano de obra a la Gobernación Intendencia de Cuyo. Y la consiguieron: el canal fue construido por prisioneros realistas, españoles tomados en Chile durante la lucha por la Independencia. Los mismos que habían sido los enemigos de la Patria, esclavos ayer, hoy cavaban la tierra sanjuanina para que el agua llegara a los cultivos.
Después vinieron el canal Angaco, sobre la traza de una antigua acequia, y el canal Caucete. En 1825, el gobernador Salvador María del Carril creó la Policía de Aguas, que obligaba a los propietarios a mantener los desagües limpios y plantar alamedas en todos los frentes. Y en enero de 1834, el río San Juan se desbordó por un antiguo cauce llamado Cañada Brava y las calles de la ciudad se convirtieron en ríos. Las casas se desplomaron. A raíz de esa tragedia, el gobernador José Yanzón ordenó la construcción del dique San Emiliano, una obra de defensa de 125 metros que se terminó recién en 1850, bajo la gobernación del General Benavidez.
Por eso, cuando nos quieren vender una «crisis sin precedentes», están ignorando más de 800 años de historia de lucha contra el desierto. Una historia que incluye prisioneros de guerra cavando canales, inundaciones que borraban ciudades, y una comunidad que aprendió a organizarse cuando el Estado no existía.
Los registros existen desde 1909, no desde ayer
Pero antes de los números, un episodio que explica mejor que cualquier estadística lo que el agua significa en San Juan. En febrero de 1907, la provincia fue escenario de la «Revolución del Agua», que terminó con la destitución del gobernador Manuel Godoy.
¿Qué pasó? Desde 1905 se hizo cada vez más evidente la incapacidad del gobierno para resolver los problemas del riego. Entre 1905 y 1906, grandes crecidas del Río San Juan rompieron el dique nivelador La Puntilla, dejando sin riego a los departamentos del Sur. Para repararlo, el gobierno desvió el agua hacia la margen izquierda, perjudicando directamente la producción de vid de toda una temporada.
Los grandes propietarios y bodegueros no esperaron a las urnas. Se organizaron. El 7 de febrero de 1907, a las 3 de la mañana, partieron desde la bodega Del Bono, en Desamparados, y derrocaron al gobernador. Manuel Godoy fue reemplazado por el Coronel Carlos Sarmiento. El agua tumbó a un gobierno, literalmente.
Desde entonces, el agua en San Juan siempre fue, y sigue siendo, una cuestión de poder y de supervivencia.
El Departamento de Hidráulica de San Juan lleva registros del caudal del río San Juan desde 1909. Más de 115 años de datos duros, públicos, disponibles en hidraulica.sanjuan.gob.ar. Y esos registros cuentan una historia muy distinta a la del catastrofismo permanente.
El promedio histórico del río San Juan, desde 1909 hasta 2024, es de 1.933 hm³ anuales (60,8 m³/segundo). Ese número incluye años de sequía y años de abundancia. Esa es la «historia» de la que hablamos.
Sequías de verdad: las que se vivieron sin diques
La sequía más cruel que recuerda San Juan no es la de ahora. Fue la de 1967-1971, documentada como la más severa del siglo XX. En ese entonces el río San Juan llegó a traer apenas 5 metros cúbicos por segundo. No existían los diques de Ullum, Caracoles ni Punta Negra. Los canales eran de tierra. Se perdieron chacras enteras.
¿Qué se hizo? 4.473 perforaciones en dos años. Pozos de agua hechos a la desesperada, sin permiso de Hidráulica, porque si no se perdía todo. Esa es una sequía de verdad.
Datos concretos de la tabla histórica de Hidráulica:
Temporada Derrame (hm³)
1911-12 834
1968-69 615
1970-71 649
2020-21 608
2021-22 537
La temporada 2021-22 fue baja, sí. Pero nadie habla de los años de vacas gordas. En 1914-15 el río trajo 6.526 hm³. En 1919-20, 7.085 hm³. En los 80 y 90 hubo momentos de gran abundancia. San Juan no es un desierto que se secó de repente: es una provincia con ciclos, y siempre los tuvo.
El truco del «promedio histórico»
Cuando dicen «el caudal se redujo un 50% respecto del promedio histórico», hay que preguntar: ¿qué promedio histórico? Porque el promedio desde 1909 incluye años extraordinariamente húmedos como los de 1914-1920, que sesgan la media hacia arriba. Si tomamos el promedio de los últimos 10 años, te da más bajo. Pero eso no es «la peor crisis de la historia», es una tendencia dentro de un ciclo.
Además, el dato clave: con los diques actuales (Ullum, Caracoles, Punta Negra), un caudal de 537 hm³ se administra, se regula, se almacena. En los 70, con 615 hm³ y sin un solo dique, la provincia estuvo al borde del colapso productivo. No es lo mismo.
Y hay otra cuenta que vale la pena hacer. Si el sistema de diques en buen estado nos pudiera garantizar entre 800 y 900 hectómetros cúbicos por año, seríamos Gardel. Con eso no solo se mantiene la superficie cultivada actual, sino que se puede ampliar. Mejorando la conducción de los canales aguas abajo de los diques —donde se pierde un volumen importante de agua— se recupera todavía más.
La cuenta es simple: con los diques llenos —y esta nevada nos da la chance de llenarlos—, entregando 35 metros cúbicos por segundo en temporada de riego y 8 metros cúbicos por segundo en los 100 días de invierno para consumo urbano, la provincia funciona. 800 a 900 hm³ alcanzan y sobran. Eso es menos de la mitad de los 1.933 hm³ del promedio histórico de 115 años.
No hace falta que el río venga como venía en 1914. No hace falta que vuelvan los años de vacas gordas. Con un tercio de lo que el río trajo en sus mejores épocas, San Juan produce, crece y vive bien. Siempre que se administre con seriedad.
La nevada que no quieren ver
Silvio Pastore, glaciólogo de la UNSJ, lo dijo claro en Pensar San Juan TV: esta nevada «es de las más importantes del último cuarto de siglo». El fenómeno viene del calentamiento del Pacífico (Niño 3.4), que está generando ríos atmosféricos con una humedad extraordinaria.
Pero automáticamente salen los aguafiestas: «no alcanza», «esto no resuelve la crisis estructural», «hay que ser cautos». Claro que hay que ser cautos. Pero también hay que ser honestos. Negar la evidencia de una nevada histórica para seguir sosteniendo el discurso de la «peor crisis de la historia» es, cuanto menos, sospechoso.
¿Por qué insisten con el miedo?
La pregunta incómoda: ¿a quién le sirve instalar que San Juan vive su peor crisis hídrica de la historia?
Sirve para justificar tasas y contribuciones, para desviar la atención de los negociados con el agua. Sirve también para no reconocer que nunca se hicieron las obras necesarias para hacer eficiente el sistema.
Y ahora, con la nieve a la vista de todos, el discurso empezó a mutar. Como ya no se puede sostener del todo el relato de la «sequía catastrófica», el nuevo eslogan es la «gobernanza del agua». Una palabra que suena moderna, técnica, razonable. Pero que, según quién la use y con qué intención, puede significar cosas muy distintas.
El agua no es el tema: el negocio es la tierra
Porque si uno empieza a seguir el hilo de los números, aparece una realidad que poco tiene que ver con la falta de nieve.
Los datos oficiales dicen que el Departamento de Hidráulica tiene registrada una dotación de agua para 120.000 hectáreas en el valle de Tulum, Zonda y Ullum. Pero el INTA, que mide la superficie realmente cultivada, la estima en 55.000 a 60.000 hectáreas activas. La diferencia es de casi 60.000 hectáreas que tienen derecho de agua asignado, pero que no se están trabajando.
Y acá está el dato que explica todo: una hectárea con derecho de agua en San Juan vale, sin mejoras, alrededor de 5.000 dólares. Sin derecho de agua, no pasa de 500 a 800 dólares, según la calidad del terreno.
No es difícil hacer la cuenta. El derecho de agua no es solo un tema de riego: es el principal factor de valorización de la tierra. Tenerlo o no tenerlo multiplica el precio de un campo por diez. Y si hay miles de hectáreas con derecho de agua que no se cultivan pero se mantienen en los registros, la pregunta es obvia: ¿para qué se están conservando esos derechos?
Por eso, cuando se habla de «reordenar» o «actualizar» la gestión del agua, hay que prestar atención a lo que realmente se está discutiendo. Mejorar la gobernanza es necesario, siempre. Pero también hay que preguntarse: ¿mejorar para qué? ¿Para distribuir mejor el recurso entre los que realmente producen? ¿O para barajar y dar de nuevo en un negocio donde el agua vale más que la tierra que riega?
Mientras tanto, la cordillera acumula nieve, los ríos atmosféricos siguen entrando desde el Pacífico, y los sanjuaninos vemos con nuestros propios ojos que algo no cierra entre lo que dicen y lo que está pasando.
No es la peor sequía de la historia.
Es un ciclo seco dentro de una provincia que siempre vivió entre sequías y abundancias, con 115 años de registros que así lo demuestran. Y esta vez, la cordillera ha dado señales de que el ciclo está cambiando.
Para muestra, basta mirar la nieve desde la ventana de casa.
Fuentes consultadas:
Estación Claridad (24/07/2026) – «La cordillera vive su mayor nevada en tres décadas y renacen las expectativas hídricas»
Tiempo de San Juan (22/07/2026) – «San Juan acumula un promedio de 1,5 metros de nieve en la cordillera, pero Hidráulica pide seguir cuidando el agua».
Departamento de Hidráulica – Gobierno de San Juan — Registros oficiales de caudal del río San Juan desde 1909
Mining Press (23/01/2011) – «Río San Juan tiene uno de los caudales más bajos en 100 años»
Voces Paralelas (09/10/2025) – «Presentaron el pronóstico hídrico 2025-2026 de San Juan»
INTA-PROSAP – «Marco histórico del agua en San Juan» — Sarmiento (1862), riego huarpe (S. XII), canales incaicos (1480), Canal El Pocito (1818), Policía de Aguas (1825), Reglamento de Irrigación (1851), dique San Emiliano (1834-1850, Revolución del Agua (1907).









