
Carmody Grey, la filósofa que dijo no a Anthropic: “Cada vez estamos más solos y somos más tontos”
Les propuso un diálogo abierto, pero fue rechazado, y advierte que el debate no debe centrarse solo en la IA, sino en sus efectos sobre los humanos.
La filósofa y teóloga británica Carmody Grey, profesora de la Universidad Radboud (Países Bajos), rechazó una invitación de Anthropic, la empresa creadora del chatbot Claude, para participar en San Francisco en una investigación con «tradiciones de sabiduría» orientada a la formación moral de los sistemas de inteligencia artificial, informa Financial Times.
Grey, de 43 años, mantuvo varias conversaciones con la compañía y, tras reflexionar con colegas, decidió no aceptar. «Quiero hablar del usuario, de la adicción y la deshumanización, sobre nuevas formas de violencia y explotación«, afirmó.
El relato de las empresas
En una entrevista con El País, la académica sostuvo que las grandes firmas de IA existen «para vender un producto» e imponen el marco de la conversación. «Concentra el poder, difumina responsabilidad, esquilma la naturaleza, expropia culturas y lenguas con ánimo de lucro y probablemente nos haga más solos y tontos», criticó.
Grey rechazó la invitación porque se planteaba «a puerta cerrada, en su terreno y en sus términos». Propuso en cambio un diálogo público, pero no lo aceptaron. Insiste en que el diálogo es necesario, pero en terreno neutral y con rendición de cuentas.
Según Grey, las preguntas que suelen plantear las empresas —si un modelo tiene carácter o puede sufrir— desvían la atención. Las urgentes, dice, son sobre los efectos en las personas y el planeta: poder, responsabilidad, adicción y soledad.
«Más solos y más tontos»
La filósofa evita el uso rutinario de chatbots. Compara su efecto con un robot que hiciera todo por uno y terminara atrofiando capacidades. «Cada vez estamos más solos y somos más tontos. Es tremendamente corrosivo», señaló.
Para ella, la amenaza existencial más grave no es la IA, sino el calentamiento global. Si Silicon Valley monopoliza el debate, «moriremos por distracción». El foco, sostiene, debe volver a la dignidad humana y a las relaciones que dan sentido a la vida.









