
Hector Laplace de AOMA Nacional: Un «capanga» de cemento barato perdido en la cordillera
Lo que comenzó como una entrevista protocolar en Estación Claridad terminó siendo el certificado de defunción política de Héctor Laplace en San Juan. El titular de AOMA Nacional no solo mostró una soberbia impropia frente a la periodista María Silvia Martín, sino que, en un rapto de desesperación, terminó confesando lo que realmente le duele: no es la seguridad de los mineros, es que le están «copando» el gremio y lo dejaron afuera de la torta.
La mentira de los «diez pesos» y los botines, fue de película. Con una irresponsabilidad que asusta para alguien que ostenta su cargo, Laplace se animó a decir que en el proyecto Vicuña (Josemaría) se están invirtiendo «diez pesos» y que los trabajadores están «sin botines de seguridad». Una calumnia de patas cortas que busca sabotear la inversión más importante de la provincia. Un contrasentido de pies a cabeza, ya que de ser así, el gremio debió haberlo denunciado formalmente de forma inmediata.
Laplace habla desde la comodidad de su pasado en las cementeras de Olavarría, pero hoy se chocó con la realidad. Cuando la periodista lo acorraló preguntándole por qué el sindicato permite que trabajen sin botines, el dirigente balbuceó excusas. La verdad es simple: Laplace necesita inventar un escenario de caos para justificar su hostilidad hacia el RIGI y hacia cualquier inversión que no pase por su «aduana» personal. No puede esconder su identidad peronista, y su aporte a la causa del «vamoavolvé»
Incurrió en un sincericidio cuando se le escapó la guerra de gremios en el tramo final. Laplace se desnudó solo al admitir su verdadera angustia: «Hay gente que pretende que se trabaje por otro sindicato y no por el sindicato minero».
Ahí está el nudo. A Laplace no le quita el sueño el bienestar del operario; le aterra perder afiliados frente a otros sindicatos que aceptan regímenes de trabajo (rosters) diferentes. Su pelea es por la cuota sindical, por el control de las obras y por el manejo de los padrones. El «capanga» del cemento siente que, en la San Juan del siglo XXI, su modelo de sindicalismo extorsivo está quedando obsoleto.
Inconcebible fue su burla ante la tragedia. Llegó al colmo del cinismo al minimizar un accidente fatal, cuestionando la explicación técnica del uso del cinturón de seguridad. Para Laplace, una medida de seguridad básica es algo «discutible» si le sirve para atacar a la empresa. Esa falta de respeto por la verdad técnica es lo que define a un burócrata que hace décadas no pisa un yacimiento, pero pretende dar cátedra desde un micrófono.
Hay un dato que cierra el círculo: El «Barrio Laplace»
Para terminar de entender su furia, hay que mirar también hacia atrás. Este es el mismo dirigente que, bajo el amparo del gobierno de Uñac, impulsó un ambicioso proyecto inmobiliario en San Juan que hoy es un monumento a la desilusión: el «Barrio Héctor Laplace». Cientos de afiliados pusieron sus ahorros en manos de una inmobiliaria amiga para un sueño que se esfumó junto con el poder político que lo protegía. Laplace no solo está perdiendo la pelea gremial, sino que carga con el fracaso de haber usado su nombre para un negocio que dejó a las familias mineras de San Juan con las manos vacías.
Concluiremos en la inevitable sentencia que Laplace es un hombre afuera.
«No se ofusque Laplace», le tuvo que decir María Silvia Martín ante sus arrebatos de soberbia. Pero es tarde para el pedido: Laplace está ofuscado porque sabe que quedó afuera. Afuera de la Mesa Federal Minera, afuera del diálogo con los nuevos inversores y, sobre todo, afuera de la realidad de los trabajadores sanjuaninos que quieren progresar, no ser rehenes de una interna gremial.
El «capanga» del cemento sabe que en la San Juan de hoy, su modelo de sindicalismo extorsivo ya no camina. Héctor Laplace hoy se fue de aquí con una entrevista que lo dejó expuesto: es un dirigente que usa la palabra «trabajador» para esconder su pánico a la irrelevancia, su apego a la política derrotada y su voz alzada cuando el que gobierna no canta la marchita del general.









