
Encontremos una salida urgente
Estamos pensando en la pospandemia y no tenemos idea si ésto tiene salida. Desde el primer día de cuarentena creemos que se terminará mágicamente pasado mañana y eso no va a suceder. Estamos adormecidos y el golpe nos dejó atontados y llenos de miedo. Miedo a todo y a nada a la vez porque pasaron tantas cosas en poco más de 100 dias, que todo aquello que hacíamos con absoluta tranquilidad se volvió un peligro y una prohibición. Una vez declarada la pandemia, aquellas prístinas y simples reglas básicas de lavarnos las manos (porque el jabón es suficiente) y no acercarnos demasiado a otra persona, se degradaron frente a la catarata de números, imnágenes y una exponente campaña mundial para fomentar el pánico. Nos inocularon el miedo extremo y el resultado está a la vista: hoy sólo existe Covid19 y de lo «unico que moriremos» es de coronavirus. Eso es un espantoso error y no hemos caído en la cuenta que estamos muriendo más por desatender las enfermedades que ya teníamos y que además ahora los médicos y los pacientes olvidaron. Los hospitales y clínicas están vacíos. Es perentorio y necesario que los facultativos cumplan su función y que los pacientes vuelvan a atender sus dolencias antes que sea tarde.
Estamos en un extremo de quietud peligrosa, como cuando al cruzar una calle aparece un camión a toda velocidad y en vez de quitarnos de allí, nos quedamos paralizados. Esa es la imágen que tengo de nosotros y creo que hay que salir urgente para que el virus no nos suba al acoplado. Es que no hay pensamiento rector en el asunto, todo se ha vuelto tan confuso que la propia Organización Mundial de la Salud no se cansa de hacer papelones y hoy por hoy ha perdido credibilidad ante tantas contradicciones y falta de idoneidad. Desde el uso del barbijo, el virus que se desplaza o no por el aire o que los asintomáticos no se sabe si contagian . A su vez, miramos otros países y buscamos en sus experiencias las respuestas y hasta sumamos inconcientemente los contagiados en la cuenta de los muertos. Es un matete tan enceguecedor que nos robó el valor de lo cotidiano, la ilusión personal de realizarnos desde la dignidad de nuestro trabajo, el necesario proceso enseñanza-aprendizaje de nuestros chicos y maestros situándonos en la cómoda y desesperada dependencia de la limitada dádiva del Estado. Debemos volver a vivir como siempre: de nuestro esfuerzo, inventiva y tezón, porque el Estado no produce por sí mismo y toda ayuda es finita, más en una economía desangrada como la nuestra.
Es importante la claridad en el mensaje. San Juan con sus costumbres e idiosincracia, debe encontrar a sus comunicadores con un discurso claro, simple y unificado para entender nuestra realidad. Insistir en que cada caso no es una novela mexicana y que desdramatizando le daremos el justo lugar que debe tener el virus en nuestra vida. Mantener un estrecho dialogo con las autoridades sanitarias de la provincia y trabajar fuerte dos o tres ideas madres. No es complicado y sería vital para ir todos tras un mismo objetivo. Siempre habrá insurrectos por varias causas y habrá que insistir con ellos entonces.
Estamos en San Juan, con un estatus sanitario que es la envidia de muchos y que nos permite el privilegio de pensar. No esperemos que el mundo lo haga, ya no exste la mentada globalización, por lo tanto no creamos que otro va a encontrar una solución para poder continuar con nuestra vida. Es tiempo de ser más creativos, inteligentes, serios, constructivos y menos prejuiciosos, criticones y desaprensivos. Partir de bases ciertas de precaución y cuidados, pero sin perjudicar las actividades que nos mantienen vivos. Encontremos la manera en que todos podamos trabajar, producir y consumir. No hay receta ni prospecto explicativo, debemos encontrarlo nosotros y yo sé que podemos. Seamos audaces, pongamos el cerebro y el corazón en actitud positiva ya, es urgente. Inventemos algo práctico y sin extravancias . Si el problema es lo que sale o entra de la boca, ojos o nariz…tal vez haga falta inventar un casco transparente oxigenado desde arriba, práctico, fácil de usar, barato, y que permita hacer todo normalmente hasta que pase esta porquería. Trabajarlo con expertos de la UNSJ, la UCC y los científicos que tenemos escondidos detrás de los retortuños.¿Que suena ridículo? Quizás…y si no lo es? ¿Y si en San Juan inventamos un casco o algo parecido, y que eso nos permita volver a hacer todo lo que no podemos ahora? Seríamos los genios locos (pero felices) de todo el mundo. Es que todos esperamos la vacuna y mientras tanto nos comen los piojos. Quizás lo del casco sea un bolazo y usted que me está leyendo ahora le encuentre mil peros. No sea criticón y piense algo superador entonces, pero salgamos ya de la crisis. Que sea ya, no esperemos más. Yo me pondría gustoso un casco o lo que fuere, si eso me permitiera abrazar ahora mismo a dos de mis hijas a quienes no veo hace más de 120 días.
Y por último. La idea del casco se me ocurrió anoche con una copa de buen Sirah y casi a punto de caer en los brazos de Morfeo. Un casco, quién te dice…









