
El silencio del Dr Abel Albino
Dias atrás, en una reunión de producción de «Pensar San Juan», decidimos junto a María Silvia Martín contactar al Dr Abel Albino para realizar una entrevista, convencidos de que su probada experiencia en el tratamiento de situaciones límites podría servir para continuar enfrentando la grave situación social que genera la extensa cuarentena impuesta en Argentina. Luego de una breve espera, recibimos una respuesta inapelable: «A partir de mi exposición de hace 2 años en el Senado recibí ataques feroces» «…he decidido no hablar más, pues mis hijas sufren mucho los insultos y el desprecio»…»mi familia es grande y me piden que no hable más en los medios»…»ellos tienen aparato para hacer daño, yo no tengo nada».

Luego de ensayar una respuesta ya en medio del programa, no dejó de sorprendernos la situación.
A ésto se llega cuando actúa la ignorancia, la intransigencia y la estupidez. El Dr Albino fue brutalmente castigado luego de su exposición en el marco del debate del aborto en el Senado de la Nación hace un par de años atrás. Lo destrozaron, (entre otras cosas) por sus dichos referentes al uso del profiláctico y su relativa ineficacia para prevenir embarazos e infecciones. Pero quizás el trasfondo sea más dramático aún. Enmudecieron de un plumazo a una de las voces más agudas y opositoras a la matanza de niños en el vientre de sus madres o sea, a uno de los más claros exponentes anti aborto. Buena parte del periodismo nacional desde su pluma e ideario, lanzó sin piedad una campaña de feroz desprestigio contra la persona de Abel Albino, su trayectoria profesional y sus convicciones. Acusado de retrógrado y enriquecido gracias a los fondos recibidos por la Fundación CONIN, señalado por tener una visión edificante de la sexualidad humana y condenado por nombrar como «niño» a quien crece en el vientre materno en vez de decir «embrión o feto», el profesional ha decidido descansar desde su silencio.
Quizás su lucha continúe con más fuerzas alejado de la exposición pública, convecido de algo que deberemos hacer todos tarde o temprano en éste país gobernado por la chatura intelectual: No contestar nunca más a los ataques ni a las ofensas. Es sin dudarlo el camino más difícil de enfrentar. Es tener que ser víctima del escarnio público eligiendo el silencio, mientras su nombre llena la boca de cientos de indivíduos que sin autoridad moral alguna, cumplen al pie de la letra el mandato de destruirlo por completo. Es abrir un diario en la mañana y leer acusaciones que apuntan derecho a las esencias de un profesional que con virtudes y errores invirtió su vida en defender a los niños del hambre.
¿Será esa la fórmula para poder subsistir socialmente sin ser devorado por el gran aparato opresor del pensamiento diferente? ¿Acaso no se puede estar totalmente del lado de la vida en este país? ¿Se debe callar u ocultar una visión distinta en el uso y eficacia de un profiláctico? Es muy evidente el direccionamiento hacia el pensamiento único que ya puebla todos los ámbitos de poder. Para ellos les tengo una cruel noticia: Si desean quemar toda la biblioteca de Albino, pues háganlo, pero su obra y prédica ya llegó a rincones donde la necedad y la intolerancia están vedadas.
En un país educado, serio y respetuoso aún sin convenir totalmente con sus ideas sobre el comienzo de la vida, o sin compartir su visión sobre el rol de la mujer en la población del mundo o tal vez sin aportar un solo peso para los más de 500 niños que asisten a Fundación CONIN y procurar así la alimentación que cubra sus necesidades, un «Dr Albino» sería elemento de consulta permanente, un pensamiento rector del cual tomar sus estudios y experiencia para abordar e intentar al menos paliar el mayor acto de injusticia diaria que ese mismo aparato opresor ignora deliberadamente: los niños que crecen mal nutridos y luego son adultos enfermos. Si es que no mueren en el intento de nacer o meses después de ser paridos… por hambre y por la hipocrecía de los incautos que creen que el campo de las ideas es un campo de batalla.









