Nota de opinión

La «Nueva normalidad», simple ingeniería social

Defender lo que fuimos , ahora es materia censurable y sólo pensar distinto cuesta caro en medio de ésta conducta socialmente generalizada de aceptación de normas impuestas y que nos fueron quitando la bendición de ser «normales» como lo fuimos siempre. Porque aunque no lo creamos, es normal y parte esencial de la vida, demostrar cariño y hacer de cada día una experiencia grata. Cocinar y compartir el almuerzo en familia, jugar un partido con los muchachos, correr y divertirse en un recreo escolar y aprender en un aula con el maestro empeñado en la tarea de lograr la atención de los chicos, salir a caminar a cualquier hora, visitar un pariente lejos, despedir a tu mamá con un beso en la frente al morir, o apretar la mano de tu esposa cuando nace el bebé tan esperado. Estas situaciones entre tantas otras que fueron «nuestra normalidad», son sólo un recuerdo de lo que ya es imposible vivir.  Nos quitaron todo eso, creo que nos dimos cuenta y aceptamos la «nueva normalidad» sin chistar. Hace más de un año que venimos escuchando exclusivamente consejos para cuidarnos de algo que nunca estuvo claro. Jamás nada se sometió a un debate serio y de un plumazo borraron cualquier atisbo de cuestionamiento a cuanto protocolo se les ocurriese. 

Esos protocolos mayormente ridículos llenos de sentencias que no tienen cara ni dueño, sino voceros que repiten como catas lo que les dijeron que debe hacerse. Nadie sabe los «por qué», pero así debe ser. Y entonces la vida diaria se ha convertido en un espanto de lejanías y limitaciones de la libertad personal. Los decretos sepultaron la Constitución Nacional como si eso tuviese algún valor legal, pero es palabra santa. 

El gran éxito de los mentores de esta ingeniería social al imponer las bases de esta nueva normalidad, es haber rechazado de plano los cuestionamientos iniciales y haber inyectado el miedo en las masas. Aquellas imágenes de centenares de fosas en cementerios, las camas en estadios deportivos, informaciones nunca comprobadas de gente que caía muerta por este virus en las calles del mundo, los respiradores, las nuevas cepas, las mutaciones, las burbujas, la gente aspirando sus desechos con un pedazo de tela sucio en la cara, aquella idea que repetían los «científicos» que la salida de esto serían las vacunas, y ahora que llegaron nadie te dice qué inoculan, sin receta de un profesional y mucho menos un laboratorio responsable. Repiten como un nuevo padrenuestro, frases de la televisión y cuando alguien se atreve a proponer una charla acudiendo a los profesionales que piensan diferente, la situación es rechazada de plano, sin chances y va directo al rincón de los «negacionistas y ridículos» que «no ven lo que está pasando con los muertos, la segunda ola y el sistema de salud colapsado»… y toda su batería. 

Trabajo en comunicación hace más de 30 años, y no hubo uno, un sólo año donde no llegaran personas desesperadas a pedir la ayuda de un micrófono porque «no había cama para internar a un ser querido». Siempre el sistema de salud colapsa. San Juan es zona sísmica y hace algo más de 90 días tuvimos una muestra cabal que aquí se mueve la tierra de verdad. Siempre estamos al borde del colapso, y en menos de 10 segundos que dura un terremoto, las guardias de los hospitales podrían verse colmadas. Y duele que la única vara para medir todo sea Covid. Y nosotros vamos muy tranquilos por la vida ignorando a diario los que sufren y luchan contra las miles de enfermedades que los humanos hemos tenido siempre. Si ésta ingeniería tan bien montada se usase en campañas similares para prevenir accidentes de tránsito, para dejar de fumar o para cuidar la vida en sí misma (que pierde día a día su batalla ante la inmanejable inseguridad, la desatención, el aborto o las drogas), cuán diferente sería todo. Por esto, y así las cosas en ésta batalla que parece perdida, la única esperanza posible es lograr insertar el debate en los medios sobre temas básicos y que sustentan el imperio mediático del SarsCov2. 

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Someter a análisis y tratamiento temas centrales, como la eficacia de los test de diagnóstico, o la verdadera utilidad del barbijo, o si el virus ha sido aislado o identificado como tal. Acudir a estadísticas para determinar si en años anteriores la gripe común u otras enfermedades fueron tan o más letales que el Covid y aclarar cuan peligroso es. También merece un intercambio de posturas la situación de las vacunas, hablar abiertamente sobre su contenido (si hay manipulación genética y/o vírica con contaminación retroviral), como también si es verdad que un asintomático es verdaderamente un enfermo que contagia. 

Imagino a la gente leyendo esto y es ahí donde se presenta el verdadero mosaico de la ingeniería social. La gran mayoría me tratará de ignorante, pesado o monotemático en el mejor de los casos e irá respondiendo estos puntos antedichos con los preceptos adquiridos en los medios. Son los que creen todo lo que se dice y alimentan su postura nutriéndose de la info dominante. Habrá también de los que no creen y no superaron la segunda línea de lectura. Son los que no les interesa ni esto ni nada en absoluto. Y un tercer grupo que cuestionamos todo. Somos los que mantenemos la esperanza de recibir respuestas como producto de un debate entre profesionales serios y respaldados por su trayectoria que puedan explayarse y explicar su postura sobre estos asuntos. Somos los que no queremos que un periodista, un político o un amigo en la mesa de un bar nos responda todo esto y al final diga que la «nueva normalidad» llegó para quedarse. Somos los que nos sentimos contrariados y confundidos cuando se acerca alguien y dice que se murió un ser amado por Covid y que es un virus impiadoso. Somos los que estamos dispuestos a acatar sugerencias o ciertas imposiciones cuando tienen la seriedad suficiente y si es por el bien común.

Pero el debate de ideas no parece estar en los planes de los dueños del tablero. Los ingenieros sólo se empeñan en construir lugares donde vivan los que temen y los que obedecen. Es la ingeniería ideal que sostiene y avala a los más asustados para que sean el cimiento perpetuo. La ingeniería que recetea.

 

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Osvaldo Benmuyal

Director de Estación Claridad 97,1- Conductor del programa Con Alma y Vida
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