Nota de opiniónSan Juan

El llanto de una bebé en el Auditorio, el enojo de unos y la prudencia de otros

Anoche, en plena función de Missouri State University Choral que se presentaba junto al Coro Arturo Beruti en el Juan Victoria, una bebé de unos tres años que dormía en brazos de su madre se despertó repentinamente muy asustada cuando la grave voz de un coreuta, interrumpió su sueño. La criatura lloró desconsolada y fue tan impactante el llanto, que según comentaron vecinos de butacas, los padres entraron en un estado de pánico y se notaba que su madre no podía mantenerla en brazos, y una vez que lograron incorporarse para salir, casi no pudieron caminar de los nervios. 

El director del espectáculo  Cameron LaBarr, interrumpió la interpretación y quedó estático en el escenario junto a los artistas que mantuvieron su sitio como en una foto, hasta que los papás y la nena lograron salir de la sala del Auditorio. Luego de ello, el espectáculo continuó hasta el final sin mayores disonancias. 

El malestar se generó además porque la puesta costó mucho trabajo concretarla, y se llevaba a cabo la grabación para luego editar un importante trabajo. María Elina Mayorga, Directora del coro Arturo Beruti, por quien profeso una infinita admiración por su impecable trayectoria, publicó en sus redes el siguiente descargo:

ARGENTINA NIGHTS
Un concierto excelente, sin embargo…
Un niño en la sala,
Llorando desconsoladamente,
Perturbando a la audiencia,
Arruinando irreparablemente la grabación del estreno de Argentina Nights (obra compuesta especialmente para ser interpretada en San Juan😡),
No era una actividad programada para niños,
No era un concierto didáctico.
Es una falta de respeto y consideración a los artistas y a la audiencia.
Era de noche, cuando los niños necesitan descansar en un lugar adecuado.
El director interrumpió la interpretación hasta que la familia finalmente se decidió a abandonar la sala (pero ya era tarde, el daño estaba hecho)
Me pregunto por qué insisten en llevar a niños a espectáculos para los que no tienen la edad para permanecer y disfrutar!
Por qué, además, se sientan cómodamente en el medio de la sala en lugar de ubicarse en la última fila para poder salir rápidamente si ocurriera lo que pasó!
Por qué ,si tenemos un Auditorio Juan Victoria con una acústica privilegiada justamente para gozar de la buena música, debemos una y otra vez pasar por estas situaciones!
Por qué la familia no acepta que tiene niños y que quizás en alguna ocasión deba resignar su asistencia a un evento!
Por qué… hay mil preguntas sin respuesta…
Simplemente los invito a escuchar lo que pasó…
 
Sin ánimo de polemizar, primero diré que si, es verdad que cuando un niño llora es molesto, También es cierto que quizás hubiese sido mejor que los papás se ubicaran en las últimas filas para salir rápido de la sala y que deberían darse cuenta que aveces hay que resignarse y no ir a determinados lugares cuando existen estos riesgos con nuestros hijos.
Pero tan ciertas son estas aseveraciones como tantas otras que también ocurren porque no todo es perfecto ni calculable en la vida. En primer lugar debe quedar bien claro que el Auditorio no puede prohibir la entrada a una familia con niños, sería plausible de una grave denuncia si eso hiciese. En todo caso la promoción del Espectáculo debió advertir por su cuenta en los flyers y entrevistas que sugería la asistencia de personas mayores de 10 años. Pero aún así, nada está asegurado, pues las personas mayores también a veces «molestamos» cuando nos sentamos al medio y la naturaleza llama, nos obliga ir al sanitario y el subir y bajar la escalera es todo un trastorno. Los mayores de 50 tampoco debiéramos ir, o nos tenemos que sentar siempre al final?
Recuerdo una vez que Juan Falú brindaba uno de sus conciertos, en aquella oportunidad junto al sanjuanino Rolando García Gómez, y que también se estaba grabando para editar un CD. A dos filas de donde yo estaba, un hombre mayor sufrió un ataque de tos y no paró en toda la noche. Obviamente el trabajo no sirvió ni pudo ser corregido. 
Así podría seguir enumerando situaciones insalvables, como que muchos niños que concurren a la sala son hijos de los mismos artistas que actúan y a veces suelen llorar. También hay conciertos con niños donde no vuela una mosca…entonces, quién puede hacer una regla de oro con lo de anoche?
Ni hablar de la impuntualidad para llegar a los espectáculos, donde a veces se cierran las puertas de la sala una vez comenzado y termina habiendo más gente afuera parada, que adentro sentada. Y  por qué negarlo, no son pocas las veces donde los impuntuales son los aristas que llegan tarde o se hacen de rogar con la sala llena.
Los celulares que no se apagan y suenan, gente maleducada que habla a los gritos y rompe climas, otro que te canta al lado más fuerte que el que pagaste por ver y está en el escenario…en fin, es difícil un mundo perfecto. Pero sí, podríamos concluir todos, que en esto como en todo, debe primar la educación, el sentido común y el respeto.  Eso al menos, acomoda un poco las cargas.
Todos fuimos niños asustados alguna vez y quizás también  como papás a veces no fuimos claros en medir situaciones y no por eso tuvimos la intención de malograr algo.
Pero la vida es esto, una suma de contradicciones  donde con suerte, muchos de nosotros podremos llegar a viejos flojos de  esfínteres y no por ello nos prohibirán ver al Negro Lavié cantar «La ultima curda» con una copa de vino en su mano.
Según mi humilde parecer, sólo se trató de una bebé asustada que lloró en medio de un concierto. Solucionable con buena voluntad, sentido común, respeto y educación pero esta vez al revés: pensando en la criatura, que también merece eso de nosotros. 
 
 
 

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