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El Papa Francisco presidió la celebración de la Pasión del Señor

El papa Francisco presidió este 2 de abril, Viernes Santo, la celebración de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro. En la celebración participaron alrededor de 200 fieles, algunos cardenales, obispos y funcionarios del Vaticano, todos debidamente distanciados y con mascarilla para evitar la propagación del coronavirus.

En la basílica desprovista de ornamentos e iluminada tenuemente en consonancia con la sobriedad de la ceremonia en la que no se celebró la Eucaristía, el Santo Padre, se postró en el suelo delante del altar para orar durante unos minutos.

Tras algunos minutos de oración silenciosa, el pontífice se puso de nuevo de pie para la liturgia de la Palabra y el Evangelio de San Juan que relata la Pasión de Cristo.

En la oración universal de los fieles en la que este Viernes Santo se reza por la Iglesia, el Papa, los obispos, sacerdotes, los catecúmenos, los cristianos, los judíos, los que no creen en Dios y los gobernantes, el papa Francisco también elevó una especial petición por los enfermos de coronavirus:

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“Dios omnipotente y eterno, refugio providencial de los sufrientes, mira con compasión las aflicciones de tus hijos que padecen por esta pandemia, alivia el dolor de los enfermos, da fuerza a quienes cuidan de ellos, recibe en tu paz a los que han fallecido y por todo el tiempo de esta tribulación haz que cada uno encuentre consuelo en tu misericordia, por Cristo Nuestro Señor. Amén”.

Después se realizó la adoración de la cruz. En esta ocasión, la adoración se realizó con un crucifijo que no fue develado poco a poco, sino que estuvo descubierto todo el tiempo.

Al igual que otros años, el predicador de la Casa Pontificia, cardenal Rainiero Cantalamessa, pronunció la homilía. Esta vez su prédica llevó por título “Primer nacido entre muchos hermanos”.

Cantalamessa: la Iglesia cultiva la unidad a través de la fraternidad
El predicador de la Casa Pontificia comienza su homilía siguiendo el ejemplo de la encíclica del papa Francisco Fratelli tutti, idealmente dirigida a toda la humanidad y que “sacó a la luz las muchas heridas” del mundo actual contra la fraternidad, indicando algunos caminos”. para alcanzar una verdadera y justa fraternidad humana”. 

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Pero luego precisa que la Pascua ha dado un nuevo sentido a la fraternidad. “Cristo se convierte en ‘el primogénito entre muchos hermanos’. Los discípulos se hacen hermanos en un sentido nuevo y muy profundo -apuntó el religioso capuchino- comparten no sólo la enseñanza de Jesús, sino también su Espíritu, su nueva vida del resucitado”. 

A continuación, el cardenal señala que “sólo después de su resurrección, por primera vez, Jesús llama directamente a sus discípulos ‘hermanos’“. A María Magdalena, que llegó a su tumba al día siguiente del sábado, temprano en la mañana, le dijo: “Ve a mis hermanos y diles: ‘Subo a mi Padre y su Padre, mi Dios y su Dios’.”. 

Y luego, después de Pascua, el término hermano “indica el hermano de la fe, miembro de la comunidad cristiana”, continúa el cardenal Cantalamessa, para quien somos “hermanos de sangre”, “¡pero de la sangre de Cristo!”, Y “somos hermanos no sólo por la creación, sino también por la redención, no sólo porque todos tenemos el mismo Padre, sino porque todos tenemos el mismo hermano, Cristo, que es el ‘primogénito entre muchos hermanos’“.

Conscientes de ser hermanos en Cristo, hoy estamos llamados a construir la fraternidad “empezando de cerca, de la mano”, “con nosotros, no con grandes planes, con metas ambiciosas y abstractas”, sugirió el predicador de la Casa Pontificia” y “esto significa que la fraternidad universal comienza, para nosotros, con la fraternidad en la Iglesia católica”. Y en cambio, subraya el cardenal, “¡la fraternidad católica está herida! La túnica de Cristo fue desgarrada por las divisiones entre las iglesias; pero, lo que no es menos grave, cada pieza de la túnica a menudo se subdivide, a su vez, en otras piezas”. 

Esto se aplica al elemento humano de la túnica de Cristo, precisa el padre Cantalamessa, “porque nadie podrá jamás rasgar la verdadera túnica de Cristo, su cuerpo místico animado por el Espíritu Santo”. “A los ojos de Dios, la Iglesia es ‘una, santa católica y apostólica’, y lo seguirá siendo hasta el fin del mundo -explica el cardenal-. Esto, sin embargo, no excusa nuestras divisiones, pero las hace más culpables y debe empujarnos con más fuerza a sanarlas”.

Fuente: AICA

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Redacción de Estación Claridad

Equipo de redacción de Estación Claridad.
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