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Tiempo de espera

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A horas de haber cerrado los comicios, es tiempo de esperar resultados. El zapping por los medios locales y nacionales es una cátedra de manipulación psicológica. Notas y voces de un lado y otro que cantan una victoria deseada pero sin ningún asidero válido antes de la llegada de los primeros resultados. Vale la pena recordar algunas cosas para comprender los mismos a la hora de su llegada.

Las PASO son una suerte de encuesta disfrazada de interna y a su vez la forma elegida para sacar de carrera a quienes obtengan menos del 1,5% de los votos. En octubre serán las elecciones generales, que no siempre significan el prefacio de una historia a la cual ya se le conoce su final. El antecedente más cercano de éste tipo de elecciones, se dió entre Scioli que sacó un 36,69% y Macri con el 28,57% en 2015. De aquí hasta octubre, se sigue escribiendo una historia impensada e incalculable. La política del país trastornada por diferencias y  enconos irreconciliables puede deparar cualquier tipo de escenarios. Si lo imaginamos como «la guerra por el poder», ésta sería sólo una batalla de sondeo. La otra sería en octubre y una última si llegase a existir una segunda vuelta en noviembre.

Una vez con los resultados en la mano, hay que ver cómo se repartieron los votos entre las fuerzas alternativas (Gomez Centurión, Espert, Del Caño y Lavagna por ejemplo en éste caso) y la lucha será por coptarlos en octubre. Otros dos factores importantes son el grado de participáción para ver cuán grande es el pastel a repartir, y lo otro es el comportamiento de los mercados mañana.

Si en las PASO ninguno alcanza o supera el 50%, el factor a tener en cuenta sí o sí, es que en octubre gana el que tiene el 50%+1. Eso es lo puramente real del mecanismo. Esta noche alguno de los candidatos obtendrá el 50% o más? Ganará alguno con una diferencia del 10 o 15% sobre su contendiente? De ésto depende que alguno pueda ganar en primera vuelta en octubre. Ante ésta radiografía, festejar o sentirse derrotado hoy es digno de psicólogo. Porque habrá que esperar hasta noviembre si no hay definiciones y allí los dos que queden Fernández y Macri, deberán convertirse en vedaderos exponentes de un virtual «santoral político», luchando contra la imágen negativa que es la que definirá las cosas en un hipotético escenario de ballotage. Será un tiempo de filantropía, de buenas acciones, de martirización mediática y de jugarse todas las cartas.

Nada que en política no se pueda hacer. Nada que en Argentina no sea posible. Nada que a la gente le convenza del todo.

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