San Juan

Acueducto: Apareció un informe que OSSE escondió y en 2020 ya sabían que los caños de Krah no servían

Un documento interno de mayo de 2020 alertó sobre deformaciones, mal acopio y material no apto. Seis años después, 1800 caños tirados en Marquesado y la obra no se ha terminado.

El Acueducto Gran Tulum no nació con caños de plástico. El proyecto original era otro. La primera licitación fue en 2015, por 382 millones de pesos, para cañería de acero inoxidable. Se adjudicó a Industria Metalúrgica Jaime, con 14.710 metros de caño de acero inoxidable para garantizar una obra de agua potable que durara décadas.

Ese proyecto se cambió «porque era caro». En el medio apareció la licitación para caños de plástico KRAH y la historia dio un giro. El 7 de mayo de 2020 el Ing. Civil Fernando Falcón, inspector de OSSE, firmó un informe elaborado por una comisión integrada por OSSE, UT, KRAH e Interacción. Seis años después, ese documento interno que OSSE archivó sigue describiendo la realidad de 1800 caños tirados en el predio de Marquesado.

Falcón no habló de suposiciones. Midió y concluyó que la tubería tenía fallas de fábrica graves. La diferencia de diámetros daba valores negativos, lo que significa que la espiga era más grande que la campana. Con ese error era imposible ensamblar sin romper el caño. A eso se sumó que el material era plástico y no elástico, por lo tanto, no poseía memoria de forma. Una vez que se deformó en acopios previos, no volvió más a su forma original. Los caños conservaban curvatura incluso estando apilados, algo que solo pasa cuando el material ya perdió su condición.

El informe también marcó la responsabilidad por el acopio. OSSE había entregado a KRAH el espacio en el predio de Marquesado para depositar los materiales y aclaró que no tuvo responsabilidad en la conformación del guardado. Pero Falcón dejó registrado que la empresa encargada del acopio fue Constructora Riojana Argentina (CRA) quien apiló los tubos sobre solo dos soleras. Esa forma de apoyo generó un aplastamiento en los extremos que el informe llama ovalamiento. Con el paso del tiempo y el efecto de fluencia lenta, advirtió que las deformaciones solo iban a agravarse.

La inspección visual del 27 de abril de 2020 contabilizó una cantidad aproximada a los 1800 tubos divididos en dos grandes acopios. Todo ese material fue comprado con fondos del crédito kuwaití de 100 millones de dólares que la provincia ya comenzó a pagar.

Ese material de KRAH terminó ganando la licitación de la obra que había nacido con acero inoxidable de Industria Metalúrgica Jaime. Recordamos que el extinto Gustavo Monti, pariente del exgobernador Sergio Uñac, aparece como apoderado de KRAH en Argentina.

Lo grave de todo esto es la fecha del informe. Aquel 7 de mayo de 2020, OSSE ya tenía el diagnóstico técnico completo. Sabía de las fallas de fábrica y del mal acopio de Krah en el predio que el gobierno le facilitó en Marquesado. Sabía que esa cañería no servía para transportar agua porque cada soldadura era un fracaso. La obra sigue sin terminarse, la fiscalía estudia la causa, y los caños enterrados siguen confirmando lo que Falcón advirtió y nadie quiso escuchar.

Al final, el Acueducto Gran Tulum no fue pensado para trasladar agua a los sanjuaninos. Fue pensado para facturar. Se pagó material que OSSE ya sabía en 2020 que no servía. Se pagó acopio que el propio informe de Falcón marca como responsable de Constructora Riojana Argentina en un predio que OSSE le entregó a KRAH. Se pagó una obra que seis años después no traslada una gota de agua, pero sí genera deuda. Obviamente que al ingeniero Falcón lo echaron por decir la verdad desde adentro, lo cual atentaba contra el «verdadero objetivo» del acueducto.

El crédito kuwaití se sigue pagando. Los 1800 caños siguen tirados. Y el agua de los sanjuaninos sigue sin llegar. Porque cuando una obra se diseña para facturar y no para funcionar, el único resultado posible es este: deuda, chatarra y silencio cómplice.

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